Los atrasados esquemas políticos de América Latina impiden la modernización del negocio de los viajes aéreos y por tanto, que de este lado del mundo vivamos el fenómeno de la movilidad que se da en Europa y Asia sobre la base de la reducción del costo de los pasajes de avión.

Ryanair ha sido la empresa innovadora que ha promovido el gran salto, y paradójicamente, su CEO, Michael O´Leary, y la propia compañía, son sumamente odiados por gran parte del público.

Esta línea ha identificado formas de bajar sus costos al mínimo y ofrecer pasajes muy baratos. Como ejemplo, desde a capital de la República Checa, Praga, a Madrid, España, en 75 euros, ruta que antes pagaba el boleto a más de 260 euros.

Y se repite por donde quiera se expande, lo que ha llevados líneas tradicionales, como Iberia, Lufthansa y British Airways, a entrar en la carrera de abaratar sus tarifas y reducir sus ganancias notablemente a riesgo de desaparecer.

Esas líneas tradicionales acostumbran gastar mucho dinero en publicidad y relaciones públicas, como también a ofrecer extras a sus clientes en los vuelos, tales como comidas y asientos especiales.

En cambio, Ryanair prácticamente no tiene presupuesto para esos capítulos.

Ryanair ha cambiado el mundo, a excepción de América Latina. Para los años 80 en Europa y Asia volar era un lujo también, como todavía en estos lares.

Y se debía en que en esos tiempos las rutas aéreas dependían de acuerdos entre los países, por tanto, una ruta como Londres- Nueva York o México- Paris solo podía ser explotada por líneas de los países involucrados.

El monopolio impedía la competencia y los precios bajos, por lo que solo los pasajeros británicos e irlandeses se beneficiaban de vuelos de bajo coste. Pero en 1997, todo cambio, ya desde entonces cualquier aerolínea calificada podría operar en todo mercado europeo.

O´ Leary asumió que mientras las demás compañías aéreas se planteaban de qué manera subir sus tarifas, Ryanair debía estudiar de manera constante cómo eliminarlas.

Se sabe que los costos de aterrizar o despegar un avión dependen en gran parte de la categoría del aeropuerto, Ryanair siempre busca otro aeródromo alterno en cada ciudad de Europa que toca, donde resulte más barato el servicio.

Otro truco de ahorro de esta compañía es utilizar el mismo modelo de avión en todas sus rutas, el Boeing 737, lo que les facilita la compra en serie y menor costo de mantenimiento, tanto en piezas como en técnicos especializados.

Las líneas que tienen aviones de distintos modelos deben emplear a mecánicos de espacialidades diversas y tardan más tiempo en preparar sus naves para volver al aire después de aterrizar.

Para viajar en Ryanair, si quieres comida, elegir tu asiento o llevar más de una maleta, tiene que pagar adicionar. Incluso, para tener más ingresos, venden como espacio publicitario la parte trasera de los asientos.

Recordemos que en 2000, O´Leary tomó la decisión de mayor impacto en el negocio aéreo, la de vender los pasajes a través de la página de internet de la compañía, paso replicado luego por toda su competencia, con lo que Ryanair asestó un golpe mortal a las líneas aéreas.

Ahora, no es nada extraordinario entrar en una línea y buscar el pasaje que te convenga, pero antes era imposible comprar un boleto directamente, a menos que estuvieras cerca del aeropuerto.

Desde la expansión de Ryanair, el número de turistas se ha multiplicado en Europa, pero también los intercambios educativos y la movilidad laboral, así como la capacidad de hacer negocios, todo por la facilidad de viajar a bajo costo.

América Latina en cambio no se ha beneficiado de estos criterios de apertura, ya que muchos países, como Brasil, exigen que toda compañía aérea que trate de instalarse en ese territorio se deberá asociar con otra de capital brasileño.

Legislaciones de ese tipo, que dificultan la modernización de la aviación comercial, se repiten en otros países latinoamericanos.

Asimismo, está el problema de los aeropuertos de América Latina, no compiten entre sí porque en su mayoría están en manos de los gobiernos nacionales y por tanto sus tarifas son altas.

Y en la India y Malasia, naciones pobladas de millones de gente pobre, los viajes se han triplicado, en los pasados 10 años. Volar de Kuala Lumpur a Taipéi con la línea Air Asia cuesta solo 86 dólares.

Pero un vuelo a “precio especial”, más o menos a la misma distancia, desde Bogotá a México, costaría no menos de 460 dólares.

*Datos tomados del canal VisualPolitik (YouTube), y otras fuentes de Internet.