Dos fracasos estuvieron a punto de provocar que Maximinio González, de 51 años, desistiera de cumplir su sueño de crear una empresa familiar. Su perseverancia lo llevó a intentar una vez más crear una compañía, y en la actualidad, 11 años después, es dueño de un negocio próspero donde trabajan muchos de sus seres queridos.

Maximinio González llegó a Santo Domingo desde Gaspar Hernández, provincia Espaillat, en 1986. En ese momento tenía 20 años. El primer oficio que aprendió a hacer fue ropa a la medida, en un negocio de la avenida Venezuela.

Siete años después, de manera sorpresiva, las ventas en el establecimiento en el que trabajaba comenzaron a bajar, pues en ese momento estaba surgiendo una prenda de vestir que llegó para quedarse y que su creación era más rápida: los jeans.

Las ventas en el negocio siguieron empeorando, hasta que tuvo que cerrar.

“En ese tiempo aprendí mucho. Era empleado, pero siempre tuve la visión de tener mi propio negocio, por eso cuando me vi sin empleo, tomé los ahorros que tenía por más de siete años y puse un pequeño colmado que estaba rodeado de tres fábricas de jeans de Manuel Morel”, cuenta.

González siempre vio a Manuel Morel como un hombre muy emprendedor. “Y fue eso lo que me motivó a dar el siguiente paso. Compré una máquina de coser, alquilé un local y puse la máquina ahí”.

Maximinio siempre observaba el trabajo de Morel, y vio como una opción empezar su negocio comprándole pantalones para revenderlos.

“Me di cuenta que la gente estaba buscando algo rápido, y los jeans eran la principal opción que tenían. Como las personas que me rodeaban que tenían ese tipo de negocios les estaba yendo bien, decidí arriesgarme y aquí estamos”, puntualiza.

Un negocio llamativo
Los clientes comenzaron a llegar al pequeño negocio de Maximinio cuando se enteraron que vendía pantalones. Aunque había otras empresas cerca que los confeccionaban, lo llamativo de su trabajo era que si el cliente quería que le hicieran algún ajuste al pantalón, él lo hacía inmediatamente con su máquina.

“Además de eso, yo mismo salía a los colmados a vender los pantalones y poco a poco fui comprando otras máquinas”, dice.

A pesar de lo novedoso de su negocio, en un abrir y cerrar de ojos sus ventas comenzaron a bajar rápidamente y la empresa quebró.

“En ese momento yo no tenía los conocimientos de administración ni de cómo manejarse ante cualquier crisis, y eso me perjudicó grandemente. No supe qué hacer cuando las ventas bajaron y perdí todo”, revela.

El resurgir de su empresa
En el 2006, hace ya 11 años, Maximinio inició nuevamente con su fábrica. Tenía cuatro máquinas, era un local pequeño y solo estaba él y un amigo que tenía más conocimiento para hacer jeans.

Cada semana hacían unos 50 pantalones, y sus ingresos rondaban los RD$2,000 y RD$3,000 por esas ventas.

Su trabajo era arduo y lo hacía con más experiencia, porque aunque no había estudiado, ya la vida lo había hecho pasar por dos fracasos que le sirvieron de ejemplo. Pasaron cinco años y alquiló un local más grande, porque la empresa estaba creciendo.

Los avances seguían y se vio en la necesidad de adquirir el lugar donde están en la actualidad, en Los Tres Brazos, Santo Domingo Este, donde fabrican y tienen una tienda de ventas de jeans, llegando sus ganancias a rondar cada semana los RD$70,000 a RD$80,000.

La familia de Maximinio está muy conforme. Muchos de ellos están trabajando con él, como cinco de sus seis hijos, su madre y algunas de sus hermanas.

Los puestos que tienen sus hijos son: encargado de ventas al por mayor; encargado de comprar la materia prima; limpieza y área legal. La encargada general de la empresa es su hermana y su madre era la que dirigia el área de limpieza, pero por su enfermedad solo supervisa.

Una de sus hijas que estudió Mercadeo, ahora tiene un negocio de préstamos informales, en el cual él es el presidente.

Capacitación
Hace ocho meses Banca Solidaria entra al negocio de Maximinio. Hasta el momento no ha tomado ningún préstamo, porque primero quiere capacitarse para saber en qué lo invertirán.

“Ellos comenzaron a darme talleres. A explicarme cómo se trabaja para crecer en el negocio. A traerme los expertos que me dieron técnicas. Nos ayudaron para saber cómo se debe vender y organizarnos como pequeña empresa”, dice.

Expresa que se tiene que capacitar antes de tomar cualquier préstamo, porque es una persona que no estudió y debe saber en qué invertirá el dinero. “Nosotros hemos tomado préstamos con bancos, pero como tienen intereses muy altos queremos intentar con Banca Solidaria”, dijo, al precisar que allí le dieron todos los conocimientos para mercadearse.

Recomendaciones
Maximinio le recomienda a los pequeños empresarios que se capaciten, “porque el que no sabe hacia dónde va, no avanza”.

“El que no tiene conocimiento puede subir, pero en cualquier momento puede caer, mientras que el que sabe, cuando se va a caer tiene la capacidad de saber de dónde agarrarse”, dice.

Su deseo a futuro es que sus hijos administren su negocio, para que sigan el proyecto.

“Aspiramos a tener una nave industrial, a trabajar más cómodos. Hemos recibido la oferta de sacar la empresa de aquí, pero no he aceptado porque aquí yo tengo personas que viven en esta comunidad y trabajan aquí, y es más fácil para todos”, dice.

Expresó que fue esa comunidad que le dio la oportunidad de desarrollarse y crecer.