El colombiano no abandona por ello su visión de “gran soñador” y asegura que su música, ahora con toques “dancehall”, tiene horizontes más amplios y trasciende a lo latino.

Las canciones de J Balvin son sinónimo de éxito en los últimos dos años, pero el colombiano no abandona por ello su visión de “gran soñador” y asegura que su música, ahora con toques “dancehall”, tiene horizontes más amplios y trasciende a lo latino.

“Yo ya no hago música para los latinos, soy latino por naturaleza, quiero que mi música sea escuchada por la raza humana”, dice J Balvin en una entrevista con Efe en Miami, días después de estrenar su nuevo tema, “Mi gente”.

Menos de una semana después, el videoclip ya tiene más de 32 millones de reproducciones en YouTube, muestra de que su gente ha respondido de nuevo a su llamada, tal y como lo hiciera con “Ginza”, “Safari” o “Hey Ma”.

Pero la estrella latina de 32 años mantiene su filosofía de “no dar por hecho” que cada nueva canción va a ser un éxito.

“Cuando sientes que estás ganando, ya vas perdiendo”, comenta J Balvin, quien hasta hace poco era un artista independiente que labró su camino durante años en Colombia para después dar un salto internacional.

José Álvaro Osorio Balvin, verdadero nombre de J Balvin, insiste en que una de las claves de su carrera es que sus facetas de artista y estratega forman un “paquete completo”, algo que aprendió durante la etapa al margen de los sellos discográficos.

Así, se define como un “gran soñador” que evade la licencia de verse como “el número uno” de una escena que comparte con artistas como su compatriota Maluma, los puertorriqueños Luis Fonsi y Nicky Jam o el español Enrique Iglesias.

J Balvin, quien ha cambiado de imagen y ha retornado a un corte de cabello clásico tras meses de lucirlo multicolor, no tiene previsto que “Mi gente” forme parte de un nuevo trabajo en largo.

Lo que sí prevé Balvin es una “revolución musical” con una canción en la que colabora con Willy William, quien se convirtió en 2016 en el francés más buscado a través de la aplicación musical Shazam, con el que entra en el terreno del “dancehall”.