El precio que ha tenido que pagar por realizar su sueño político de participar activamente en las grandes transformaciones del país ha sido tan alto como el mismo privilegio de haber tenido la oportunidad de hacerlo.

Ser la mano derecha del Presidente de la República le ha permitido ayudar a solucionar los problemas que preocupan a la sociedad, siendo el equivalente a estar sumergido en una olla de presión cociendo los alimentos, pero a punto de estallar si se pasa de efervescente.

Para José Ramón Peralta, ministro administrativo de la Presidencia,  la paz y horas de sueños que ha perdido desde que asumió ese cargo desde el 2012, y el tiempo de oro que le ha robado a su familia, no tienen compensación.

Sólo lo alienta la contribución que pueda hacer para mejorar la vida de los dominicanos y poder convencer a su familia de que valió la pena el sacrificio de perder importantes horas de felicidad para dárselas a quienes no han podido encontrar las fórmulas de generar riquezas y vivir cómodamente.

El funcionario nos concedió una entrevista en su hogar, abierto al escrutinio de su accionar durante su vida política, empresarial y familiar, en la que revela su forma de pensar e interioridades del Gobierno del presidente Danilo Medina.

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La política

¿Qué significa ser un político?  
Ser un político significa ofrecer sus conocimientos para mejorar la calidad de vida de los demás, de la sociedad y del país en general. Y someterse a todo tipo de pruebas que tú te puedas imaginar.  Si la gente supiera lo que es esto no se metiera.

¿Qué es lo bueno y qué es lo malo?
Las grandes transformaciones de un país se hacen desde un gobierno. Participar en ese proceso es importante. Eso es lo bueno. En mis empresas yo he realizado mi contribución y responsabilidad social ayudando a escuelas y personas, pero mis grandes expectativas de colaborar las he llenado en el Gobierno, transformando la educación y el sistema de salud.

¿Y qué es lo malo?
Lo malo es la duda. Siempre desconfían de ti. Oye, no todos los funcionarios son corruptos o cometen fallas y excesos de poder. Hay buenos, hay gente que realmente quiere trabajar, pero los meten a todos en el mismo saco y eso hay que soportarlo. Hay que ser tolerante, paciente y no volverse loco con tantas cosas que dicen y hacen alegremente en las redes sociales, por ejemplo. A cualquiera acaban irresponsablemente y no pasa nada.  Los políticos son el “blanco de público”.

¿Quiere usted decir que los políticos no deben ser atacados?
¡No!. No es eso. Es que no deben ser juzgados y condenados alegremente. Sin hechos, sin pruebas y fuera de un tribunal constituido para esos fines. Sí pueden ser observados, supervisados y cuestionados, pero no condenados en la víspera de las sospechas e investigaciones. Y eso no quiere decir que me oponga a que examinen a los funcionarios. Nosotros sabemos que es en una olla de presión que estamos y todo el que resbale debe responder.

¿De qué lo acusan ahora mismo?
El dirigente político opositor Leonardo Faña (presidente del Frente Agropecuario del Partido Revolucionario Moderno) me acusa de haber incrementado injustificadamente mi patrimonio, al utilizar las influencias del poder en beneficio de mis empresas. Este no es el escenario para defenderme, pero esa difamación e injuria se dilucidará empliamente en los tribunales hasta que la gente quede clara, sin ninguna duda sobre mis inversiones.

¿Usted es un rico empresario?
Yo soy un empresario que está trabajando en la actividad comercial desde antes de los 20 años de edad. Tengo contratos y convenios de importación y exportación de productos agrícolas y agropecuarios desde mucho antes de estar en el Gobierno y todo lo que tengo es producto de mi esfuerzo y los sacrificios que hay que hacer para poder vivir dignamente.

¿Cuáles sacrificios ha hecho por la política?
Es la primera vez que tengo un puesto de esta relevancia y como te dije la responsabilidad social ha quedado en primer plano y la familia en segundo. La primera vez que mi esposa (Patria Altagracia Abreu Yarull) supo esto fue cuando nos casamos el 2 de febrero de 1986. En la luna de miel, cuando regresabamos a la Capital y pasábamos por Bonao -nos habíamos casado en La Vega-  nos encontramos con una caravana del profesor Juan Bosch y yo me metí de inmediato con ella. Por poco la pierdo porque su familia está fuera de la política. Pero gracias a Dios aceptó esa realidad. 2 de febrero del 86.